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domingo, 18 de julio de 2010

* UNIFICACIÓN DE LAS REGLAS (CAPÍTULO III)

Lo que sí es cierto, es que hasta 1.872, en Matanzas, Cuba, no se publicó el primer Reglamento de lucha canaria. En este reglamento se fijaba un modo de luchar, escogido para aquélla luchada.

La Lucha Canaria se extendió rápidamente por todas las islas. Por aquél entonces tener en el seno de cualquier familia un luchador era el regocijo de todos sus miembros y si era algún notable mejor que mejor. Incluso se citan numerosos casos de mujeres que fueron excepcionales luchadoras que servían, a sus hermanos y parientes, de ocasionales rivales en la intimidad de los traspatios. La lucha canaria entonces nacía del pueblo y manaba del pueblo. Era algo vivo que representaba con su afición y apasionamiento un carácter colectivo y tradicional.

LA MUJER EN LA LUCHA, ANECDOTARIO.

ESA ES MI HERMANA

Aquella noche fue de mala suerte para los de Mazo. José María el de Tacande, de el Paso, plantado en el terrero como un pino, hombre enjuto de gran envergadura y músculos de acero, fue dando al traste con todos los de Mazo. Allí se erguía, orgulloso de su raza mitad guanche y mitad hispana.

Cuando ya se daba por terminada la lucha con el triunfo casi exclusivo de ese famoso luchador isleño, de entre los seguidores de Mazo salta al terrero un luchador isleño, un aficionado, como diríamos hoy, con la montera bien calada y la faja fuertemente atada a la cintura, dando vueltas al muslo por sobre el pantalón. Se agarra con José María, al que intenta tirar primero con un "toque por dentro", después de con una "palmada, hasta que por fin lo tumba con la terrible presión de un bien trabado "cango".

Se levanta José María derrotado y, con un ademán mitad socarrón, mitad airado, dice: ¡me apuesto lo que quieran a que esa es mi hermana!", señalando para su vencedor. Y era, en efecto, su hermana, la única persona en la isla capaz de tumbar fácilmente a José María el de Tacande.

Recuerdo haber oído contar esta anécdota a mi padre, quien la oyó del suyo, que presenció el hecho.

JUAN CAPOTE

LA MADRE DE FEFO RODRÍGUEZ

Fefo Rodríguez de Lanzarote, fue un buen luchador, que si no lució más en los terreros, hay que buscar la razón en lo poco que se prodigó, ya que en Lanzarote había escasa actividad y en Las Palmas él no podía estar, retenido en Arrecife por sus ocupaciones.

Un día, su hermano Pedro, que era muy espigado, contó esta anécdota de su madre:

A mi madre le gustaba nuestro deporte con delirio, admiración y también ha luchado. Recuerdo una vez que se hallaba enristrando cebollas con otras mujeres. Mientras trabajaban, un día se suscitó una discusión sobre luchas. El asunto fue empeorando hasta el extremo, de concretar ambas un desafío a tres luchas. Agarraron previamente convenido el lugar, con traje de faena y fue una lucha de apoteosis. Mi madre tiró por levantada, rematada con una palmada y ambas cayeron, resultando la otra mujer con una descalabradura general y mi madre con el brazo derecho desdoblado. El desafío no llegó a su fin, terminando con la victoria de mi madre por 1 a 0.

Afortunadamente hoy, hay lucha canaria femenina, principalmente en las dos capitales de provincia.


Don Benito Padrón vio muchas luchas. Fue, según me contó a la tenue luz de una vela, en su bodega de Tigaday, saboreando un vino de pata y como enyesque unos higos pasados con almendras que se gozó espectaculares luchadas. Don Ramón Méndez era un hombre terrible… Fuerte, bravo y con muchas horas de lucha…

-Benito, ¿tú te acuerdas de ver luchar a don Ramón Méndez y a Martín Hernández? Dicen que eran dos hombres extraordinarios luchando...

-De Ramón Méndez, me acuerdo yo de verlo luchar viejo. Viejo ya. Yo creo que el tenía ya la edad mía, lo menos (unos 60 años). Ahí, en Tigaday. Salió uno de Sabinosa, un tal... Gerardo. Y salió y no había quién lo tumbara. Y entonces Ramón Méndez, jaló por la chaqueta. Entonces no era sino lucha corrida.

Si con una lucha sola y ya esta...

-¡Coño!, jaló por la chaqueta. Salió al terrero, don Ramón. Se abraza del pescuezo del otro. Así, ¡Coño!; levanta por él y lo tiró para un lado. Y después se quitó. ¡Eso era un hombre! Entonces el hombre salía a defender a su pila, su familia o su pariente...

Y era como más emocionante la lucha que hoy. Porque entonces salía el padre por el hijo o el hijo por padre o tío por sobrino. ¿Entiendes? No hacían mas que tirar por la chaqueta, porque entonces ni se ponían pantalones. El pantalón era como estos, una faja amarrada aquí en el muslo, para agarrar y había un tal Mateos que cuando hacia para atrás con el muslo le soltaba la faja o la reventaba. Era un hombre terrible...

La lucha canaria tiene su base en leyes fundamentales de equilibrio, lo que permite que un hombre pequeño pueda derribar a uno grande. Pero antes de luchar, los hombres deben de agarrar para iniciar la brega. Y el agarre, hasta los años 40 era diverso. Existía la "Mano arriba", la "Mano abajo", la "Retorcida" y el "Moño".

En el año 46, ya en desuso el "Moño" y "la Retorcida", se celebra en el Viejo Campo España, en la capital grancanaria una luchada, y entre los asistentes se efectúa una votación entre Mano Arriba" y "Mano abajo", resultado vencedora la "mano abajo", por 139 votos. Para hablar de los diferentes estilos de lucha, mantuve conversaciones con algunos luchadores de entonces...

Valentín Hernández, herreño él, fue notable luchador. También preparador de prestigio. Con él, Francis Pérez “el Pollito de la Frontera”, empezó a hacerse un hombrito en la lucha. Vamos que con el dio los primeros pasos…

-Pero en su época, don Valentín, ¿cómo se agarraban los hombres antes de salir a luchar...?

-Mano a la “faja”, o al pantalón. Después de que salí de aquí, siempre mano al pantalón. Nada de faja. La faja era antes aquí.

-Y como se ponían la faja...

(El amigo Valentín, hombre entendido en el deporte vernáculo, era muy gráfico en sus expresiones. Así, sin mas, saco una faja, que mas parecía una corbata y me la enrolló en el muslo y la ató. Metió la palma de la mano y agarró)

-Pues muy fácil. La faja no era nada más que esto. El contrario era lo mismo.

Y me invitó a que me inclinara y agarrara: ¡Gárrese usted! me dijo…

-Y entonces, el pantalón que se usaba era…

-Un pantalón de trabajo y la faja encima, sobrepuesta.

Otro hombre de la época fue Antonio Navarro “el Canario”. Hacia tiempo que lo había apalabrado para estas declaraciones y otro aspecto de la unificación en la manera de agarrar.

-En que años empezaste a luchar

-en 1.943

-Y qué modalidad tenias de agarre. Mano Arriba, Mano Abajo, la Retorcida, el Moño...

-No, no, no; solamente "Mano Metida". Yo nuca agarré al moño ni a la faja como tu me decías antes, ni mano abajo. Sino mano metida.

-Y la mano metida que era, ¿una ventaja para el hombre alto...?

-Toda la vida. El Hombre alto tenía las dos ventajas. Primeramente ser alto - y tres ventajas - segundo, ser fuerte y después tener, precisamente, la Mano metida. Ahora que habían luchadores de mano metida que a lo mejor perdían facultades por no saber meter la mano, porque había que tener mucha habilidad para que el pantalón, una vez que se dice ¡agarrar! te quede aquí - señala el antebrazo-, porque si se te queda aquí, una vez que empiecen a correr te queda casi en la muñeca y entonces no sacas nada con haber agarrador a mano metida, porque el que te quedas colgando eres tú, sin saber lo que hace.

(Antonio, se agachó y se colocó en la posición de agarrar a “mano metida o “mano arriba”.

- Esta es la posición, me dijo.

-Y cuando se emparejaban dos hombres para luchar a mano metida que se ofrecía ¿el pecho o el hombro?

- Cuando se luchaba a Mano Metida, se emparejan el pecho porque lo luchadores agarraban de frente. En esta posición conseguían que los hombres agarraran de frente. Distinto a cuando se agarraba mano abajo, que ya los hombres se empa-rejaban dando los hombros y la cabeza al costado.

-Prácticamente, para ti que eras un luchador de mano arriba, ¿cuando empezaste a luchar mano abajo, era como aprender a luchar de nuevo?

-Sí; ya ahí, perdiste todo lo que sabias. Bueno, siempre queda algo, por lo menos lo que luchas, pero si tuviste que empezar a aprender porque la posición variaba completamente y al variar la posición variaba los pies, variaba todo ya te quedabas completamente descentrado hasta que llegaras a coger una postura con la modalidad que estabas luchando.

-Y ¿cómo se llegó a unificar la forma de agarrar?

-Hubo que hacer, como quien dice, un consenso con los señores que iban a la luchadas. En esa luchada, se entregaba a cuantos adquirieran su entrada unos números o cartulinas que iban depositando a su entrada en el recinto. Antes de finalizar la luchada se efectuó el recuento. Salió favorable, precisamente, la mano abajo, pero con muy poca diferencia (139 votos). De esa manera quedo establecida la modalidad de agarrar mano abajo.

En el terrero del López Socas, reuní a un grupo de luchadores de otra época. Atletas que lo habían sido todo en la lucha y que seguían amando a nuestro deporte. Allí estaban Jose Pulido “Camurrita”, Antonio Navarro “el Canario”, Carlos Cabrera, como espectador y otro legendario luchador: Víctor Almeida “El Artillero

-Víctor ¿tú siempre luchaste Mano Arriba?

-No, no, no; el primero que luchó mano abajo aquí fui yo.

Cuando llegamos a Lanzarote nos dijeron. Dicen que en Las Palmas se lucha Mano arriba y aquí Mano abajo. No se si se lo diría a este o a quien, pero yo dije yo entreno Mano abajo, porque si lucho mano abajo lucho en todas las islas.

.El luchar mano abajo habría a quien le perjudicara, pero para mí, Canario, se lucha mejor mano abajo que mano arriba…

José Pulido “Camurrita, era un artista dentro y fuera del terrero. Un amigo de ley. Pequeño, menudo, dicharachero con el que pase muchas tardes en el viejo campo España, el palacio de deportes de la época. Allí entre carreras de galgos y tardes de lucha hable mucho con el…

- Camurrita ¿Tú eres de los últimos hombres de la época de la lucha a mano metida...?

-Si yo estuve por los años... a mano metida, por los años 46, 47.

-Y ¿qué posición adoptaba un hombre de Mano Metida, cuando salía al terrero con alguien que luchaba mano abajo?

-Eso solían, y yo siempre le decía al otro, ponte el pantalón de mano metida, y el me decía a mí, ponte tu el pantalón de mano metida o los dos a mano metida o ponte el de mano abajo, y se cruzaban los brazos, asín y se decía “¡agarre como quiera!”; le metía la mano atrás, sacaba el dedo gordo y entonces hay que saber quitarse el pantalón... y después, se agarraba los dos a mano metida o los dos uno a mano metida y otro mano a abajo, según pidiera el luchador.

-¿Tú luchaste a la retorcida, al moño...?

-No, no; al moño no luché yo.

Me desplacé a la isla de Tenerife para hablar con Avelino Delgado “Pollo de San Andrés"

Avelino, en una sillita de ruedas, estaba en la puerta de su casa. Lo sacamos hasta la plaza de San Andrés y muchos vecinos salieron a saludarlo. Yo quería que me recordara aquellos momentos en que un luchador de Tenerife se media con uno de la Provincia de Las Palmas… Cada uno tenía una manera de agarrar distintas. En Tenerife, “Mano abajo” y en Gran Canaria, “Mano Arriba”

-Y usted, con Lorenzo Andueza, con Marrero, con el Faro de Maspalomas, con Pepe Araña, como luchaba ¿mano Abajo o mano arriba...?

-Mano abajo

-Y ellos qué ¿luchaban mano abajo o mano arriba...?

-Ellos se pusieron a luchar también mano abajo con todos nosotros...

-Pero usted si agarró mano arriba...

-Antiguamente a eso sí. Llegué a agarrar mano arriba.

-Y como se desarrollaba una agarrada mano arriba. ¿Cómo se agarraban los hombres?

-Metían la mano por el pantalón, a un agujero que tenían aquí en la cintura. Ahí metían la mano y la relingaban por el agujero a la cintura. Quedábamos asentados sobre la muñeca, ¿entiendes? Pero nosotros desde que agarrábamos empezábamos a meter el pecho, empezábamos a menear el culo y ya después se le quedaba el pantalón aquí y se quedaban casi suelto, luchando con nosotros.

Era obligado mantener una entrevista con el formidable campeonísimo Alfredo Martín Acosta “el Palmero”… Y en la zona ajardinada, en lo alto del parque de Doramas, mantuvimos la charla.

-Empecé a luchar en Lanzarote, hasta el año 46 cuando tenía 21 años y después me destinaron a Las Palmas y fiché por el Adargoma. Pero allí en Lanzarote, empecé a luchar con unos pantalones largos que agarrábamos al “moño” y a la “retorcida”, a mediados del 46 me destinaron a Las Palmas y entonces fiche por el Adargoma.

-La forma de agarrar era la misma cuando viniste aquí a Gran Canaria que la que había en Lanzarote.

-Aquí era distinta. Allí ya te digo que se agarraba a la retorcida y al moño; aquí un pantalón de mano abajo tenia que ser reglamentario, un pantalón donde entraran tres dedos de ancho, en cada pierna, entonces agarraban y también había un pantalón de mano arriba que era un pantalón distinto al de mano abajo, pero también de lucha.

(Le mostré un pantalón de mano metida que me habían confeccionado idéntico al que usaban los luchadores de la época)

-¿Este era el mismo pantalón que se usaba, entonces a mano metida?

-Sí, este, sí.

-¿Este entonces es el mismo pantalón que se usaba para la retorcida y el moño?

-No; se puede agarrar y eso, pero para luchar de verdad no. El otro era larguísimo, pero poco más estrecho que este.

-Entonces cuando venían los luchadores de Tenerife que luchaban mano abajo y aquí estaba establecido la mano arriba, ¿cómo se celebraban los encuentros?

-No aquí estaba la mano abajo y la mano arriba, lo que pasa es que cuando ellos venían, ellos no querían luchar mano arriba porque no sabían quitarse el pantalón y eso. Pues entonces sorteábamos las luchadas.

La lucha canaria tiene ahora unas normas comunes, un cuerpo, unos parámetros sobre los que desarrollarse a partir de un Reglamento. Ha pasado la costumbre al papel. Hay un vehículo, pero lo cierto, es que la lucha no levanta la pasión de antaño. Está enferma, maltrecha.

Su simbolismo, su sentido profundo, se invoca con frecuencia... Pero ¿y la afición?, ¿y la asistencia del público al terrero?, ¿Y la espectacularidad y pasión popular que antes levantaba?

Entonces no había fiesta sin lucha... Sin la fervorosa asistencia que apoyaba a equipos y luchadores, a los hombres que de manera directa representaban al orgullo y a la afición de cada localidad... Ahora, los terreros están despoblados. Se ha perdido el idealismo, el punto romántico de la lucha. Sin campeones que arriesguen su prestigio en desafíos de “rasquera”... Que no sostengan el clamor de los aficionados...

La lucha ha dejado atrás, en su larga singladura, elementos que bien pudieran retomarse: La lucha corrida, la manera de agarrar, la voz de ¡ya!, los desafíos de rasquera, etc. etc.

Claro que la lucha Canaria, ya ha sucedido antes, cuando parece totalmente paralizada, echa de nuevo a caminar. Ojala lo haga pronto y reviva por su verdad, la afición y el interés colectivo que se merece, porque esos elementos son la razón de su existencia.

Y ya va siendo hora de que se recupere el tema; hora de tomar las medidas necesarias para captar la atención del aficionado; hora de ofrecer espectáculo ameno; hora de consultas con luchadores viejos y nuevos, con aficionados, con todo el que pueda aportar ideas que devuelvan a nuestro deporte la consideración que merece. Porque la lucha, que es de todos y de cada uno de los que vivimos en las Islas Canarias, nos necesita sin exclusión.

ALFREDO AYALA OJEDA

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